Preámbulo

Tras el intento, por parte de las fuerzas sublevadas, de asaltar la ciudad de Madrid a través de la carretera de La Coruña, en un ataque directo que quedó frustrado gracias la a fuerte resistencia de las tropas gubernamentales y el alto coste en efectivos. Los nacionales tomaron la decisión de realizar un asalto envolvente por el sur de la ciudad, desde la carretera de Andalucía, intentando alcanzar la carretera de Barcelona a la altura de Alcalá de Henares, lugar donde, según su plan deberían unirse a las tropas provenientes de Soria, consiguiendo de esa forma, un cerco total a la ciudad de Madrid, tras lo cual se esperaba la capitulación de la Segunda República y la pronta finalización de la guerra.

Como quedó demostrado, dicho objetivo final, no fue alcanzado a causa de la Batalla del Jarama y, posteriormente, por la Batalla de Guadalajara.

La maniobra, por parte de los nacionales, era tomar los puentes que cruzaban el río Jarama y avanzar hasta Arganda y Morata de Tajuña; y desde ahí, continuar por Loeches y Camporreal, hasta alcanzar Alcalá de Henares.

Al mismo tiempo, las fuerzas Republicanas, preparaban un ataque a la retaguardia Nacional con la intención de comenzar desde la carretera de Andalucía y avanzar en dirección a Navalcarnero, Móstoles y Brunete, y de esa forma, separar las fuerzas de asalto enemigas de sus líneas de abastecimiento.

El tiempo, fue el principal causante del retraso en iniciar las operaciones por parte de las tropas sublevadas, mientras que la lentitud en la preparación del asalto, fue el causante de que los Republicanos no iniciaran el suyo.

Los Nacionales sabían que no podían retrasarse demasiado en el inicio de las operaciones. El tiempo corría en su contra. El día 5 de febrero, tras dos días de calma, optaron por no esperar más. El día 6 de febrero, con las primeras luces, se iniciaron los combates de lo que posteriormente terminó denominándose “La batalla Del Jarama”.

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